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Sociedad

¡Me robaron a mi hijo! Crudo relato de una Medica que no abraza a su hijo hace nueve años

Griselda Poeta, es una médica quien, a través de Infoqom denuncia lo que le ha ocurrido con la connivencia del poder judicial de Corrientes y en el desesperado grito de una madre que no puede ver crecer a su hijo y menos aún tener respuestas a la constante vulneración de los derechos del niño y menos a los suyos y de toda la familia materna. Ella misma relata:
«En el año 2006 conocí al señor C. O., con quien empecé una relación de pareja que duró 7 años, éramos estudiantes de medicina, yo estaba separada con tres hijos, él, sin hijos.

La relación marchaba bien hasta que quedé embarazada, comenzamos a convivir y ahí demostró su verdadera personalidad, era una persona celosa, posesiva, de apoco fue limitando mis amistades y familia y también la parte económica.

De las becas universitarias otorgadas a mi él cobraba y manejaba el dinero, luego empezaron los maltratos verbales y físicos, delante de mis hijos en algunas ocasiones, llegué a tener amenaza de aborto por los golpes y angustia que sufría.

Nuestro hijo nació en el año 2008 y a pesar de eso a los 6 meses nos abandonó.

Limitaba mi economía porque seguía cobrando mi beca dejándome poco y nada para subsistir, faltándome tres meses para recibirme y la situación desesperante que estaba atravesando, me empezaron a dar ataques de pánico.

Una amiga me refugió en su casa con mi bebé hasta que me recibí, que con mucho esfuerzo pude realizar. Seguía sin tener contacto con C.O. y en la facultad se encargaba de divulgar que todo fue culpa mía, que no lo dejaba ver a nuestro hijo, arruinando mi reputación ante mis compañeros y profesores.

Al recibirme seguí pensando en mi futuro y en el de mis hijos, por eso me postulé y rendí la residencia médica de cirugía general en el 2009 esperando ganar una plaza en Corrientes para así poder criar a mi hijo, pero el lugar que se me asignó en el sorteo, fue en Presidencia Roque Sáenz Peña en el interior del Chaco.

El régimen de residencia demanda dedicación permanente, uno ingresa a las 6 de la mañana y se sale a las 23, sino quedás de guardia hasta el otro día, además de no cobrar sueldo por los seis primeros meses. No conocía a nadie en esa localidad, así que pedí a mi familia que me ayudaran con mi hijo, pero no podían cuidar a mi pequeño.

Tuve que dar en guarda a mi hijo con sus abuelos paternos pues fue la única opción que me quedaba.

Siempre quedó aclarado entre nosotros que esto era únicamente temporal hasta que pudiera solventarme económicamente, ellos aceptaron y firmamos un convenio de guarda provisoria para mi hijo, quedando en Goya al cuidado de ellos, el padre en Corrientes, haciendo la residencia de Obstetricia, y yo en Roque Sáenz Peña haciendo la residencia de Cirugía General.

El padre de mi hijo me pidió volver a ser mi pareja y yo lo acepté. Durante 2 años, él viajaba a verme, e inclusive viajábamos juntos a ver a nuestro hijo hasta Goya.

En el año 2012 empezó mi calvario, renuncié a la residencia de Sáenz Peña y pude conseguir plaza en el Hospital Llano en Corrientes Capital para terminar mi residencia de Cirugía. Durante mis vacaciones de la residencia me comunique vía telefónica con O.C. para avisarle que iba a retirar a nuestro hijo y traerlo a vivir conmigo, ya tenía residencia y estabilidad económica.

El intentó persuadirme de mi decisión, diciéndome que mi hijo se encontraba bien y que tendríamos que disfrutar juntos nuestras vacaciones en otro lugar, a lo cual me negué, ahí volvió a cambiar su actitud, demostrando sus verdaderas intenciones. Se enojó y amenazó con lastimar a mis otros hijos, si yo retiraba a nuestro hijo de la casa de sus padres, me cortó la llamada y nunca más volví a hablar con él.

¡La peor noticia! Mi hijo no estaba

Después de dos semanas viajé a Goya a buscar a mi hijo, con conocimiento del padre, incluso del día y horario en que llegaría, en ese entonces mi hijo tenía tres años. Al llegar estaba la casa vacía, entonces pregunté a los vecinos y ellos me dijeron que hace tres días la familia O. había viajado.


Fui desesperada hasta la comisaría y el oficial recordó que habían estado allí, tratando de hacer un pase de tenencia de los abuelos hacia el padre, cosa que el oficial se negó a realizar.

De allí fui a la comisaría de la mujer y allí sólo aceptaron que haga una exposición de lo ocurrido ya que era feria judicial en el mes de julio y no quisieron tomar una denuncia.

Al pasar a las 20 por la casa, nos encontramos con el abuelo, que estaba tratando de ingresar a la misma y me negó saber dónde estaba el niño. Ante el abogado, mintió donde estaba el menor, se lavó las manos.

Estuve esperando una semana en Goya esperando ver si volvían con mi hijo, alojada en la casa de una abogada solidaria, sin ninguna novedad y desesperada porque no sabía nada de mi hijo, con quien estaba y si estaba con vida o no.

Un largo camino legal, sin respuestas

Volví a Corrientes capital donde recién pude radicar la primera denuncia formal, (por estar en feria) por el secuestro de mi hijo, y se realizó una audiencia en Goya.

Fui atendida por la jueza Silvia Escobar que escuchó mi historia y todo lo que padecí desde que quise recuperar a mi hijo y me prometió que me iba a devolver al niño. Al otro día, durante la audiencia cambió completamente su opinión sobre mí y recriminó mi actitud de querer tener a mi hijo nuevamente conmigo, alegando que haberlo tenido nueve meses en el vientre no era suficiente derecho para obtener la tenencia.

En esa audiencia, la jueza Escobar firmó que el padre quede con el niño, la tenencia es compartida, pero con permiso de la jueza se lo podía llevar a vivir con él, apartándome de cualquier poder de decisión sobre el futuro de mi hijo, sin poder verlo incluso, como si fuera una desconocida.


La jueza nunca explicó porque el cambio de actitud hacia mí y porque de manera abrupta cercenaba mis derechos sobre mi hijo y los de él, de conocer a su madre y convivir conmigo y sus hermanos o su familia materna.

Ahí me sentí devastada, desolada, destruida, nadie me escuchaba ni me brindaba apoyo, la justicia en quien confíe me dio la espalda. Perdí contacto con mi amado hijo de tres años de edad en ese momento.

Todo ello era un indicio grave de ocultamiento y cuyo encuadre legal hallaría sustento en el artículo 147 del Código Penal Argentino: “En la misma pena incurrirá el que, hallándose encargado de la persona de un menor de diez años, no lo presentara a los padres o guardadores que lo solicitaren. o no diere razón satisfactoria de su desaparición”.

A partir de entonces he recorrido por distintos juzgados, hablado con muchos jueces y abogados hasta con la Hermana Peloni en Goya, Corrientes. En el Chaco con distintas autoridades judiciales, con el gobierno y nadie pudo lograr escucharme y ayudarme a recuperar a mi pequeño ya que yo trabajo en ambas provincias, Chaco y Corrientes.

¿Dónde está mi hijo?

Ahí me di cuenta que C.O. planeó todo esto junto con sus padres, todo su proceder premeditadamente en forma sutil que rondaría en lo perverso. La separación de mi hijo de mi lado, violando sus derechos de toda norma judicial y o penal tipificando de esta manera los delitos anteriores con el agravante del accionar y la complicidad de los abuelos paternos, conformando los delitos de Asociación Ilícita, Privación Ilegal de la Libertad, Sustracción y Ocultamiento de un Menor.


Los abuelos paternos no se comunicaron más conmigo ni yo pude contactarlos, si intenté comunicarme con el padre de mi hijo para saber su paradero, pero me cortaba la comunicación.

En el año 2013 fui reporteada en una nota en el diario Época de Corrientes reclamando justicia y luego en la radio LT7 denunciando el secuestro. Gracias a esa difusión, una persona desde el sur se conectó conmigo, para informarme que creía haber visto a mi hijo en la localidad de Cipolletti.

¡Al fin un indicio! Mi hijo estaba a más de 1976 kilómetros de su ciudad natal, Corrientes. Son 25 horas de viaje en auto.

Seguía el derrotero judicial

Llevé la información que conseguí por mis propios medios al juzgado Nro. 2 de Corrientes, a cargo de la Dra. Mercedes Sosa, quien logró concretar audiencias cada dos años y medio por el escaso tiempo de 1 hora. En ese corto tiempo podía ver lo que creció mi hijito, sin poder abrazarlo o besarlo solo verlo, para después no saber nada de él hasta la próxima audiencia, lo que era terriblemente desgarrador no saber si mi hijo estaba bien, si lo cuidaban, si lo alimentaban bien, eso era lo que más angustia me generaba.


En la última audiencia de 2016 (que fue la última vez que lo vi hasta la fecha), durante la audiencia mi sorpresa fue que llamaron a declarar a O.C. en una forma privada y luego a mi hijo, también privada con psicólogos, pero no me habían informado de ese procedimiento y tampoco me llamaron, ni me entrevistaron.

Entonces reclamé que es lo que estaban haciendo y porque me excluyeron de las audiencias, la psicóloga presente me respondió que eso no estaba previsto por la juez y que si yo invitaba un helado a mi niño y si aceptaba irse conmigo ya estaba solucionado. ¿Qué significa esto? ¿Qué sucedió en esa audiencia? Nunca lo sabré y menos mi hijo.

La profesional me dijo que al otro día le harían una evaluación psicológica para ver si el niño accedía a estar conmigo, lo que sucedió y el niño en manera alguna quería acercarse, pero observaba a su padre antes de intentar algo. Era evidente que estaba siendo manipulado por él. Entonces saqué un muñequito que él me dio en una anterior audiencia y le mostré. Por el muñeco prestó atención y me pidió el juguete.

La psicóloga me hizo pasar con el niño a una sala y pude tener una charla con él, hablé por primera vez luego de dos años con mi hijo. Me contó que su papá le dijo que solo tenía una hermanita, le negó sus otros hermanos (mis otros hijos) y le dije que tenía otros tres hermanos, dibujamos, lo tuve upa todo el tiempo, frente a la psicóloga. Ese fue el último contacto que tuve con el nene.


Esta jueza ¿oficia justicia? Nunca lo sabré

Nunca voy a entender el procedimiento de la juez, si estoy reclamando poder ver, abrazar y besar a mi hijo secuestrado por el padre desde el año 2012 y pasando cuatro años no puede concretar lo más importante, por lo cual hice las denuncias, recorrí comisarías, juzgados, que es reclamar el derecho de tener un contacto con mi hijo.


No entenderé jamás el procedimiento de esta magistrada. Nunca se intentó revincularme con mi hijo o pensar en sus derechos o los míos. Como si yo representara un peligro para la vida o estabilidad psicológica del menor.

La causa estaba radicada en el Juzgado Número 2 de Familia de Corrientes, Capital, a cargo de la Juez Mercedes Sosa, la misma que después de esta bochornosa audiencia, permitió a mi ex pareja a salir de viaje de tour en un crucero fuera del país, a pesar de mi oposición. Autorizó al padre a sacarlo fuera del país, al hombre que hace 4 años secuestró a mi hijo. Sin ni siquiera poder concretar visitas anuales en vacaciones con mi hijo.

Ellos me dijeron que el menor ya estaba acostumbrado al padre, que sólo debía pedir un régimen de visitas para poder verlo en vacaciones. Me convencí de eso y por el bien del nene, decidí aceptar esa decisión, que venga para conocer a sus hermanos, y poder revincularse conmigo. Nunca tramitó siquiera las visitas, ni en vacaciones.

Todo el legajo en Cipolletti

Luego, sin previo aviso en 2018, la jueza Sosa se declaró incompetente y envió todos los legajos al juzgado de Cipolletti, en menos de tres días en forma irregular incumpliendo, además el plazo para la apelación de la contraparte.

Es decir, actualmente todo el legajo está en Cipolletti, con dos pedidos reiterativos para la devolución de los mismos, sin ninguna respuesta positiva. Hoy el legajo está en la ciudad de residencia de O.C. y de esa forma no puedo seguir tramitando la causa. Por segunda vez consecutiva mi abogado solicitó que se remita la causa a Corrientes, para seguir la causa y que otro juez se haga cargo.

O.C. presento una declaración ante el juzgado alegando que su nueva pareja había ocupado mi lugar de madre ante mi hijo, que la consideraba su verdadera madre, lo cual es una atroz mentira, eso me destruyó emocionalmente.

¿Cómo es mi vida hoy?

Desde la última vez que vi a mi hijo, llevo una vida en silencio, sin saber qué hacer.

Trabajo en Corrientes, en el 2014 terminé mi residencia en Cirugía General, al año siguiente comencé la de Cirugía Plástica y me recibí el año pasado. Hace cinco años comencé a trabajar en el servicio de emergencias médicas en Chaco y Corrientes, y sigo allí. Estudio, cuido a mis otros hijos, el de 20 años ingresó a estudiar abogacía, y el más chico está estudiando la secundaria. Tengo tres títulos universitarios y estoy en pareja.

¡El mensaje más anhelado!

Un día recibí un mensaje en mi celular, y era él, mi hijo se comunicó conmigo. Lloré mucho ese día. Hoy tengo comunicación telefónica vía whatsapp con él, me manda corazones, me dice te amo. Me dice mamá, pero aún no tengo contacto físico.

Mis otros hijos me acompañan en esto, se ponen felices cuando envía una foto, extrañan a su hermano.

Estoy preparada desde siempre para recibir a mi hijo menor. Cuando compro una cama, o un mueble, lo hago pensando en que algún día va a volver a vivir conmigo .

Anhelo como el primer día poder volver vivir con él, a tenerlo en mis brazos y responder cada pregunta que quedó marcada en su corazón y el mío hace nueve años. Hoy mi hijo tiene doce años. Su padre lo llevó con él cuando tenía tres».

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