miércoles, mayo 25, 2022
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    De Los Beatles a Pappo y del tango a Tanguito: un recorrido por la órbita cancionera de Luis Alberto Spinetta

    El 4 de diciembre de 2009, Luis Alberto Spinetta realizó uno de los conciertos más impactantes en la historia de la música popular argentina. Bajo el signo de “Las bandas eternas”, repasó su trayectoria con algunos de sus ex compañeros de AlmendraPescado Rabioso, Invisible, Jade y Los Socios del Desierto y de sus diferentes proyectos solistas. Fueron más de cinco horas de emociones y sorpresas en el estadio de Vélez, en las que los contemporáneos viajaron en el tiempo y los más jóvenes vieron cómo un sueño se hacía realidad. Unos y otros se dieron el gusto de ver a esos dioses de la adolescencia, aunque sea por un rato regalándole algunas de las canciones de los días de sus vidas.

     

     

    Al comenzar ese show, en un ejercicio de honestidad artística que aplicó durante toda su carrera, Luis advirtió lo que iban a presenciar las más de 40 mil almas que se habían dado cita bajo el cielo de Liniers. Agradeció a los músicos que lo habían acompañado en el armado de semejante gesta pero no iban a estar presentes, y nombró, a modo de disculpas, a los artistas que no iba a poder versionar, pero que le hubiera gustado hacerlo: Moris, Andrés Calamaro, Indio Solari y Hugo Fattoruso.

    Luis Alberto Spinetta en el concierto de las Bandas Eternas (FOTO NA:Laura Tenenbaum)Luis Alberto Spinetta en el concierto de las Bandas Eternas (FOTO NA:Laura Tenenbaum)

    En dicho concierto, Luis paseó como nunca por el repertorio propio y ajeno. Siempre reacio a este tipo de prácticas -basta mencionar su histórica reticencia ante el clamor “Flaco, tocá Muchacha”, que también hizo aquella noche en una interpretación conmovedora- Luis versionó a Litto Nebbia, Miguel Abuelo, Manal, Pappo y Tanguito, y cantó con Charly García, Fito Páez, Gustavo Cerati y Juanse, entre otros.

    Además de su repasar poco su propia obra, hasta aquel 4 de diciembre Luis había versionado muy poco a otros artistas. Cada una de las interpretaciones de sus trabajos en vivo y en estudio no están puestas al azar. Representan una pintura del momento histórico, un abrazo de admiración y gratitud, una toma de decisiones ante la vida. En resumen, un gesto artístico como cada uno de sus pasos. Y de eso se trata esta nota, de visitar al Luis que visitaba a otros artistas.

    Pappo: “Castillo de piedra” y “Era de tontos”

    Cuando Almendra no se dividió sino que se multiplicó (Edelmiro Molinari dixit), lo hizo en un contexto explosivo de la camada pionera del rock local. Lo mismo harían casi en simultáneo Manal y Los Gatos, y sus músicos dispararían en diferentes dimensiones. Luis, como casi todos sus colegas, se tomó un tiempo para un viaje experimental por Europa. Pero antes hizo otro tipo de experimento.

    En una casa de la localidad de Florida, y en un lapso de 36 horas, registró el que fue su primer trabajo solista. Se trató de un proyecto anárquico y lisérgico, propio de la disgregación que experimentaban los náufragos pioneros del rock de acá. Por allí pasaron Miguel Abuelo para aportar percusión y algunos coros, el baterista Héctor Pomo Lorenzo (ex Abuelos de la Nada y futuro Invisible) y Pappo Napolitano, que había grabado con Los Gatos y Los Abuelos y se preparaba para construir su propio camino. El álbum se llamó Spinettalandia y sus amigos, aunque la compañía fraguó el nombre y la portada. Tuvieron que pasar 25 años para que tuviera una edición aproximada a la original.

    En ese material Luis registró dos temas del Carpo, “Castillo de piedra” y “Era de tontos”, y en rigor de verdad, no se trata de covers sino de las primeras versiones de dichas canciones. De las dos, Pappo solo grabaría “Castillo de piedra”, rebautizada como “Tema I”, en dos ocasiones junto a Pappo’s Blues, mientras que la otra quedaría como su único registro discográfico. La química entre ellos alcanzó su punto máximo en esa grabación y desde entonces se fue resquebrajando, con una guitarra que Luis le regaló al Carpo y que éste luego vendió como el principio del fin.

    El experimento de Only love can sustain

    Grabado entre Nueva York y Los Ángeles, Only love can sustain (1980) es el álbum menos spinetteano de su discografía y naturalmente, el menos personal en cuanto a las composiciones. Aquí registra “Who’s to Blame” (Harold Payne, Tom Pierson) y “Omens of love”, del canadiense Gino Vannelli, como reflejo de la atmósfera jazz pop que sobrevuela el trabajo más extraño de su carrera.

    Luis solo firmó letra y música en tres canciones, en medio de un trabajo disperso que incluye una letra musicalizada por Guillermo Vilas. Amigo desde que golpeó la puerta de la casa de Arribeños como un fan más, padrino de su hijo Dante, Willy fue el puente para materializar el proyecto. Tenía contactos con la CBS, lo que acercaba a la música de Spinetta al mercado anglo. Fue un trabajo lujoso y ambicioso, entre limousinas y sesionistas, que no conformó ni al artista ni a la compañía. El contrato de cinco años se hizo un bollo y fue a parar al tacho de basura.

     Luis Alberto Spinetta y Guillermo Vilas 164Luis Alberto Spinetta y Guillermo Vilas 164

    El disco fue ignorado, odiado y/o reivindicado por los críticos, los fans y el propio Luis según el curso de los años. Al respecto, el Flaco dijo tiempo después, en pleno proceso de aproximación: “Estaba muy rayado con el resultado final, pero bueno… si existe Spinettalandia y Sus Amigos, el disco del caos, como contrapartida existe el otro ‘disco negro’, el norteamericano, que es hiperorganizado. Son dos extremos”, reflejó en el libro “Crónica e iluminaciones”, de Eduardo Berti.

    Mariano Mores y José María Contursi: “Gricel”

    En 1986, Spinetta y Fito Páez editaron el álbum doble La La La. Entre canciones de uno y otro, se cuela “Gricel”, el clásico de Mariano Mores y José María Contursi estrenado en 1942. Según narró el rosarino, la armonización es obra de Luis, que es quien lleva la voz líder y logra darle su sello particular a un tema clásico de la canción argentina. Su registro entre el susurro y el temblor marca cierto pulso siniestro de la versión, que cuenta con efectos en su voz para ambientar aún más la cuestión.

    En la obra del Flaco, como en la de Fito, siempre estuvo presente el tango. Desde el bandoneón de Rodolfo Mederos en el primer disco de Almendra, hasta algunos de sus fraseos y cierta melancolía porteña que impregna sus canciones, más allá de estar lejos de poder catalogarlo como un artista nostálgico. Nunca se rebeló per se al tango, como se suponía que debía hacer un rockero de la época.

    Quizás todo se explique en la figura de Luis Santiago Spinetta, su padre cantor. “Mi viejo era cantante de tangos. Lo recuerdo ensayando con sus guitarristas. Yo tendría unos cinco años. Abrían esos estuches, brotaba el olor a madera de la guitarra. Y me veo escuchando a mi viejo en una RCA Víctor, tipo catedral, de madera, que había que esperar que se calentara. Hasta que salía la voz de mi viejo cantando por Radio El Mundo”, le contó al periodista y escritor Rodolfo Braceli. Luis ya le había puesto música a un poema de Luis Santiago en tiempos de Invisible y volvería a hacerlo en su último trabajo de estudio en vida, Un mañana (2008).

    Fito Páez junto a Luis Alberto Spinetta. Juntos editaron el imprescindible La la la Fito Páez junto a Luis Alberto Spinetta. Juntos editaron el imprescindible La la la

    Pechugo: “El mono tremendo”

    En 1988 Luis publica Tester de violencia, un ensayo urgente y conceptual, donde las postales más cruentas las aportan un grupo de niños. Desde muy chicos, los hijos de Luis (Dante, Catarina y Valentino, por entonces no había nacido Vera) y los de sus grandes amigos, el fotógrafo Eduardo Dylan Martí y Mercedes Villar (Lucas, Guadalupe y Emmanuel, hijo de Mercedes de una relación anterior) incluían entre sus juegos la construcción de canciones. Con la deformación como ejercicio artístico innegociable, los niños y las niñas se nutrían de lo que veían hacer a sus padres y sus amigos. Y de aquellas travesuras nació este tema, elegido como el mejor del año en encuesta de lectores del suplemento  de Clarín.

    El piberío ya había sido subyugado por los sonidos del rap y del hip hop y en esos sentidos iban sus primeras aventuras. El nombre del grupo es obra de Luis, que en una muestra de su filosa ironía, los bautizó Pechugo, inspirado en el furor que causaba por entonces el grupo Menudo. Para ser precisos, Luis fue el cantante invitado de la banda y según detalla Sergio Marchi en la biografía “Ruido de magia”, hay un consenso en que fue Lucas Martí quien mayores aportes hizo en la composición.

    Pechugo acompañó a Spinetta a la presentación oficial del disco en el Teatro Broadway al año siguiente repitieron en el Estadio Obras, que le cantó el feliz cumpleaños a Dante. Fue la muestra pública más acabada del diálogo musical que tenía Luis con sus hijos y las generaciones más jóvenes, que nunca fue unidireccional. También fue el germen de Illya Kuryaki y la puerta de entrada al Spinetta familiero, herencia directa de sus ancestros tanos, que hizo de la casa de Arribeños una usina creativa de puertas abiertas.

    José Alberto Iglesias, Tanguito: “Amor de primavera”

    En 1990, con más de veinte años de carrera, Luis editó su primer álbum formal en vivo. Con la única experiencia previa del regreso de Almendra en Obras (1980), el Flaco se dispuso a un ejercicio del que no era muy amigo: revisar su propio catálogo en algo parecido a un grandes éxitos. Se supone que de eso se tratan los trabajos en directo convencionales. Pero este no fue un álbum convencional.

    Por entonces, el Flaco ya trabajaba con el ingeniero de sonido Gustavo Gauvry, fundador del estudio Del Cielito Records y por contrato debía un álbum luego de Tester de violencia y Don Lucero. Dispuesto a salir de una vez por todas del asunto, aceptó embarcarse en el disco en vivo, con algunas salvedades. Se grabaría en un ambiente extraño para los conciertos de rock, como el auditorio de la facultad de Ciencias Exactas de la UBA, y las entradas las iba a vender el centro de estudiantes. Faltaba resolver el asunto del repertorio, que se tironeaba entre la tradicional reticencia de Luis a visitar su pasado y en la insistencia del ingeniero para que toque temas de Almendra, Pescado e Invisible.

    “Fue muy gracioso porque no lográbamos ponernos de acuerdo. Al final se cansó y me dijo: ‘Mirá, Gus, hagamos una cosa. Vos armá una lista con los temas que quieras que toque y yo los toco. ¡Y listo!”, señaló Gauvry a este medio. Finalmente, hubo un consenso: Luis estrenó algunos inéditos y concedió visitar “Plegaria para un niño dormido”, “Parvas”, “La cereza del zar” y “Que ves el cielo”. Y dentro de ese viaje al pasado, sobresale una conmovedora interpretación de “Amor de primavera”, de José Alberto Iglesias (Tanguito) y Hernán Marcelo Pujó. ”’Amor de primavera’ decidió ponerlo él y no sé por qué. Quizás porque el disco iba a ser lanzado en primavera. Ahí no tuvo el problema de sentir que estaba recurriendo al pasado, porque el tema no era suyo”, interpretó Gauvry.

    Luis en la presentación de Artaud en el Teatro Astral (Miguel Grinberg_Gentileza familia Spinetta)Luis en la presentación de Artaud en el Teatro Astral (Miguel Grinberg_Gentileza familia Spinetta)

    Luis, que ya había grabado la versión en un single de Invisible, tenía por Tanguito un cariño especial. El coautor de “La balsa” solía frecuentar la casa de la calle Arribeños hasta que su situación personal se hizo cada vez más difícil, con la heroína como barrera entre ambos mundos. “El tipo estaba por ahí o justo llegaba con su séquito, se apoyaba contra un auto y empezaba: ‘Abre el barril de lluvia y toma una copa y el hombre de cristal volverá a vibrar’. El flaco ya había compuesto unas canciones preciosas con unos tonos muy simples pero con una profundidad tremenda”, contó en el libro “Martropía”, de Juan Carlos Diez, acerca de su relación con el artista de Caseros.

    Ratones Paranoicos: “Sucia estrella”

    Promediando los ‘90, Spinetta formó junto a Marcelo Torres y Daniel Wirtz el power trío Los Socios del Desierto. Impregnado por el espíritu garagero y grunge, volvió a la tracción a sangre con un álbum doble y visceral que presentó oficialmente en el teatro Gran Rex. Por entonces sorprendió incluyendo dentro de su repertorio, una versión de “Sucia Estrella”, incluida en el primer disco de Ratones Paranoicos.

    En época de tribus bien delimitadas, se trató de una jugada absolutamente inesperada. ¿Qué le pasaba al Flaco que hacía una de los Ratones? Lo concreto es que el tema se quedó para siempre en el repertorio del trío y lo repitió en el Paseo La Plaza, en la serie de conciertos que quedaron registrados en el directo Sauna de lava ardiente (1998). Antes y después de ello, había una historia que lo justificaba.

    Desde su preadolescencia, Juanse era fanático de Luis Alberto, sobre todo de su etapa con Invisible, y tardó en darse cuenta si era un sueño o una alucinación eso de escuchar una de sus canciones en la voz de uno de sus héroes. Con el tiempo, tejieron una amistad en torno a ensayos, comidas y sobremesas y Juanse destacó la ayuda de Luis para superar sus adicciones. Como pares, compusieron la bellísima “Sacrificio japonés”, incluida en el álbum homónimo de los Ratones publicado en 2009. En la presentación en el Luna Park cruzaron en escena “Sucia estrella” en una cadencia más paranoica que desértica. “Gracias a los Ratones por este groove”, sintetizó el Flaco aquella noche, ante la mirada embelesada de las fieras lunáticas.

    The Beatles: “Don’t bother me”

    El 21 de diciembre de 2001, Spinetta tenía planeado presentar su trabajo Silver sorgo en el Estadio Obras, pero el estallido social que terminó con el gobierno de Fernando de la Rúa obligó a pasar la fecha para el 29. Fue un show extenso, emotivo y cambiante, que derivó en el disco Argentina Sorgo Films presenta: Spinetta Obras, publicado el año siguiente.

    Todavía conmovido por la reciente muerte del beatle George Harrison, Luis interpretó una versión despojada de “Don’t bother me”, la primera contribución que aportó George a los cuatro de Liverpool, y acompañó a su coach vocal Grace Cosceri en los coros de “Good night”, el réquiem del Álbum Blanco. Más tarde iba a recurrir a John Lennon, cuando hizo “Oh my love” en el homenaje a los Beatles que orquestaron Los Durabeat acompañados por un seleccionado del rock local.

    Como muchos adolescentes de los ‘60, Spinetta enloqueció cuando escuchó a los Beatles pero su inquietud lo hizo ir más allá. Con Emilio del Guercio, entonces compañero de banco en el Instituto San Román y luego bajista de Almendra, tenía un grupo Bundlemen, en cuyas actuaciones informales se nutrían básicamente de canciones de los Fab Four, más allá de los primeros temas propios.

    Luis Alberto Spinetta hoy cumpliría 72 años. En su homenaje, se determinó el 23 de enero como el Día de la músicaLuis Alberto Spinetta hoy cumpliría 72 años. En su homenaje, se determinó el 23 de enero como el Día de la música

    En aquel entonces, Modart en la noche era el ciclo radial en el que los rockeros se mantenían al tanto de lo que pasaba más allá del Atlántico. Sobre esto habló Luis con Miguel Grinberg en “Como vino la mano”, libro fundacional de la cultura rock en Argentina. “Pasaban Los Beatles y nos poníamos a llorar como dos boludos. Cuando estrenaron ‘Strawberry fields forever’ y ‘Penny Lane’ con Emilio estábamos pegados a la radio y casi nos da un ataque. Quedamos como paralizados, no sabíamos si reír o llorar, porque eso nos hacía bolsa. Imaginate la manija que había, porque de ahí salió todo”.

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